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Debatir nuestras ideas: cómo hacerlo

Debatir nuestras ideas: cómo hacerlo

Debatir nuestras ideas no siempre es fácil, sobre todo, porque no tenemos muy claro cómo hacerlo. ¿Qué preguntas podemos plantearnos para darle respuesta a nuestras inquietudes? Pensamientos como: "por mucho que estudie suspenderé", "me despedirán del trabajo sí o sí", "nadie me quiere"… son muy frecuentes y a pensar de su frecuencia y del malestar que nos generan, no sabemos hacerles frente. Debatir nuestras ideas de forma organizada nos ayudará a ser más realistas con nosotros mismos y con nuestro entorno. Aprende cómo organizar un debate interno y sacar una enseñanza de ello.

Debatir nuestras ideas: criterios de racionalidad

El primer paso para debatir nuestras ideas se lleva a cabo aplicando los criterios de racionalidad. Para ello se parte de dos aspectos. El primero de ellos consiste en debatir una idea para averiguar su veracidad. El segundo aspecto da por hecho que la idea incómoda es cierta y a raíz de ahí indagamos un poco más sobre ella. Sin embargo, no hay nada mejor que mostrarlo con ejemplos. ¡Comencemos!

En busca de pruebas

Las cuestiones siguientes nos ayudarán a buscar pruebas.

  • Qué soporte real existe para esta idea: ¿es objetiva?, ¿se ajusta a la realidad?

Preguntarse sobre la objetividad de una idea consiste en diferenciar si es un hecho real o es simplemente una idea sin fundamento. Por ejemplo, cuando estudiamos para un examen podemos decirnos que vamos a suspender, y que por mucho que estudiemos suspenderemos. ¿Cuál es el dato objetivo para saber que nuestra idea es cierta? ¿Poseemos alguna prueba de que vayamos a suspender 100%?

  • De qué datos reales dispongo para concluir que es verdadera o falsa.

Esta cuestión se enlaza con la anterior. Si seguimos con el ejemplo del examen podemos comenzar la búsqueda sobre datos que confirmen que vamos a suspender. Si estudio, ¿cómo puedo saber que suspenderé? Este tipo de discusión, podemos trasladarla a cualquier situación o pensamiento que nos incomode. Lo mismo ocurre con aquellas personas que son hipocondríacas. Frases como "me duele la cabeza, ¿y si tengo un tumor?", son frecuentes en personas obsesionadas con la enfermedad. La pregunta es, ¿por qué pensamos que puede ser un tumor? ¿qué pruebas tengo de ello?

  • ¿Sirve para algo este pensamiento? ¿ayuda a conseguir metas?, ¿a ser más feliz?, ¿a cambiar la situación?, ¿a eliminar conflictos?

¿De qué nos sirve pensar que vamos a suspender? ¿Cuál es el objetivo de creer que tenemos un tumor en la cabeza sólo porque nos duela? Lo más seguro es que las respuestas a estas cuestiones sean que sólo nos sirven para crearnos malestar. Imaginemos que nuestro objetivo sea encontrar trabajo, pero nos repitamos una y otra vez que nunca lo encontraremos, ¿nos ayuda este pensamiento a conseguir nuestra meta? La respuesta es no. A nivel general, nuestros pensamientos negativos no nos ayudan a conseguir nuestras metas, al contrario, nos ayudan a paralizarnos.

Por otro lado, es importante pensar si nuestros pensamientos incómodos y paralizantes nos ayudan a ser más felices. ¿En qué medida nos sentimos mejor cuando creemos que vamos a suspender? Obviamente, este tipo de pensamientos no nos ayudan a sentir más felicidad, al contrario, nos hunden un poco más en la amargura. Tampoco nos ayudan demasiado a cambiar la situación a mejor, al contrario, al sentirnos peor nuestra motivación es menor.

En caso de ser cierto

Asumir de forma temporal la posibilidad de que la idea sea real y discutirla.

  • ¿Qué es lo peor que puede pasar si esta idea fuera correcta?, ¿hasta qué punto es tan malo?

Estas cuestiones son un poco más complicadas, ya que depende del tipo de problemática. Existen situaciones más difíciles que otras. Por ejemplo, en el caso del examen, lo peor que podría pasar si suspendemos es que tengamos que recuperar la asignatura. Aún así existe un aprendizaje: "aprender a estudiar mejor". Por otro lado, si la idea del tumor se confirma, a través de este debate se pretende no adelantar acontecimientos. Cuando tenemos algún tipo de enfermedad, muchos de nosotros se adelanta al futuro: "me voy a morir". Sin embargo, justo en estos momentos es más que recomendable y necesario vivir en el presente sin adelantar algo que todavía no sabemos.

  • ¿Qué consecuencias tiene que sea real?, ¿son tan catastróficas?, ¿qué cosas buenas podrían ocurrirme?, ¿qué alternativas habría si la idea fuera real?

Como se ha vislumbrado en el apartado anterior, cuando un pensamiento negativo se confirma, podemos comenzar un proceso de aprendizaje. ¿Qué consecuencias tiene que sea real? Podemos cambiar de ejemplo y situarnos en el caso de un despido. Las consecuencias pueden ser muy amplias, sin embargo, con la desesperación no ganamos nada. Por ello, es fundamental plantearnos la cuestión, "¿qué cosas buenas podrían ocurrirme?" o dicho de otro modo, "¿cómo puedo beneficiarme?". Quizá sea momento para renovarse, para aprender nuevas habilidades, para volver a conocernos.

Conclusión

Como podemos observar a lo largo del artículo, aquello que consideramos negativo, en la mayoría de las ocasiones se trata de lo que le agregamos a los eventos externos. Es decir, radica en torno al pesimismo que le añadimos a un pensamiento. De este modo, caemos en la cuenta que una gran cantidad de situaciones negativas, en lugar de ser objetivas, son fruto de nuestra mente. Es por tanto, tan importante, aprender a conocernos a nosotros mismos y a pensar de la forma más adecuada posible. De esta forma, debatir nuestras ideas de forma correcta podrá enriquecernos.

Bibliografía

Vera, M. y Roldán, G. (2009). Ansiedad social. Manual práctico para superar el miedo. Madrid: Pirámide.